Pas, Sonoru en Leiguarda
El Festival ADAR propunxo nesta xornada una esperiencia sonora en movimientu: un paseu guiáu dende l'hórreu sede del festival hasta la ilesia de Leiguarda, acompañaos por música en vivu. La combinación del paisaxe natural, el recorríu nocturnu y el repertoriu solista tresformó esta actividá nun ritual íntimu d'escucha y conexón col contornu.
El públicu foi avanzando amodo polos caminos de l'aldea al anochecer, guiáu pola música y por una intervención llumínica que convertía'l desplazamientu en parte esencial de la esperiencia artística. El paisaxe, l'arquitectura tradicional y el soníu en direutu dexaron de ser elementos separaos pa formar un únicu xestu escénicu.
La propuesta combinó música antigua interpretada con tiorba, intervenciones instrumentales a lo llargo del recorríu y una aición visual qu'acompañaba'l tránsitu del públicu ente l'hórreu y la ilesia. Más qu'un conciertu, xeneróse una vivencia coleutiva onde caminar, escuchar y mirar formaben parte de la mesma dramaturxa.
Díes depués, esta esperiencia foi recoyida nun relatu publicáu pola revista cultural Hombre Superfluo, que describió con sensibilidá lo vivío durante aquella nueche en Leiguarda:
«Josefina, había dejado el piano y sostenía a Eliot, el hijo de ambos de apenas un año de edad, que observaba todo sin que un futuro pueda discernir nada de lo visto. Sin embargo, quiero pensar que lo vivido le ayude a comprender de adulto lo que merece la pena: la paz que daba escuchar la música de su padre o la sonrisa de su madre. No se acordará de mí, ni de su mirada perdida con el chupete en la boca, pensando: “¿quién será este?”. Sería bonito que en un futuro, el bebé tomara el testigo de sus padres y siguiera organizando el mismo festival de música cada vez más clásica, gracias al paso del tiempo.
Tras terminar, pudimos conversar con Pepe, Josefina y el resto de los músicos comiendo empanada vegetariana y bebiendo sidra bajo el hórreo familiar.
Si hace unos meses vivimos el sueño de una noche de invierno, volvimos al original sueño de una noche de verano, gracias a una nueva y acertada propuesta de Noe. De regreso a casa, vimos a lo lejos las bolas luminosas que descansaban sobre el muro donde las habíamos dejado. Se apagarían solas durante la madrugada.»
«Pepe nos contó que durante la pandemia de COVID, Guillermo y Josefina compraron la casa familiar y desde entonces organizan este festival de música clásica llamado ADAR. Cambiaron la ciudad de Nueva York por una pequeña aldea asturiana, él flautista y ella pianista.
Poco antes de llegar a la iglesia de Leiguarda nos sorprendió una imagen que parecía una telaraña gigante de unos diez metros de alto que resultó ser una proyección preparada por Guillermo hacia un árbol, lo cual apoyaba la polivalencia del artista que había mencionado Pepe.
Posamos todas las bolas luminosas en el atrio de la capilla y entramos. En medio de la iglesia vacía, unos testigos de hormigón utilizados en prospecciones mineras sobre un círculo de tierra simbolizaban la búsqueda de la veta madre, asemejándose también a un bosque talado.»
«También jugábamos con ventaja: sabíamos que vivía en Leiguarda y no hay más que ver a ambos para entender que más que padre e hija, parecen mellizos: sus gestos, su forma de caminar, sus principios, su amabilidad.
Antes de escuchar a Josefina al piano, nos habían sorprendido unas piezas tocadas con un instrumento barroco que desconocía llamado tiorba. Se parece a un laúd, pero con un mástil muy largo propio de un sitar. Lo tocaba Nacho, un joven que no desentonaría ni en TikTok, ni en un cuadro de Caravaggio, ni en el Lincoln Center, ni en el diminuto hórreo en el que su instrumento apenas cabía.
Seguimos caminando bajo el orbayu asturiano haciendo de las suyas en una noche algo cerrada. Nos guiaban las luces a modo de antorchas, semejantes al viaje de redención de Fernando Alfaro:
Mira esa fila de antorchas que van una tras otra en viaje lunar…
Mientras salíamos de la estancia donde acabábamos de escuchar Arabesque nº 1, nos tropezamos con Pepe. Yo sostenía en la mano una gran bola luminosa que debía transportar por Leiguarda, junto a otros diez voluntarios.
Salimos a escuchar a Almudena tocar la viola. Tras aplaudir de nuevo, ya pudimos resolver el misterio.
Pepe no nos ponía cara, pero Noe apuntó que padre de Cris solo hay uno, pero amigos suyos hay muchos.»
Ficha artística
Músicos
Nacho Laguna (tiorba)
Jone de la Fuente (violín)
Almudena Arribas (viola)
Guillermo Laporta (flauta)
Diego Arribas (artista visual)
Ficha
Fecha:
sábadu, 9 d'agostu de 2025
21:30 - 22:30
Llocalización:
Hórreo Casantos y alrededores
Leiguarda, Belmonte de Miranda
Duración total:
60’
Formatu:
Paseu sonoru






